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Publicado: 2014-11-27

Medicina personalizada: ¬ŅTratamientos a la medida en Chile?

No m√°s efectos secundarios. Los tratamientos m√©dicos del futuro ser√°n dise√Īados para cada paciente, asegurando resultados exitosos: esta es la promesa ideal de la medicina personalizada. Pero ¬Ņqu√© tan lejos estamos de esa realidad? En Chile, tenaces investigadores trabajan para estudiar, diagnosticar y atacar a las enfermedades con m√©todos de avanzada. Algunos resultados son sorprendentes. Reportaje de Nicole Tondreau en EXPLORA.cl

La artrosis es una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones de los huesos. Es muy dolorosa y además limitante porque las personas van perdiendo su movilidad. Hasta ahora no hay tratamientos eficaces para atacarla pero una terapia con células madre está dando buenos resultados para quienes tienen problemas en sus rodillas. Aquí ya se ven frutos, pero hay mucho por venir y para eso se trabaja en distintos centros de investigación y facultades de medicina. Un mapa de nuestros genes y un banco de tejidos patógenos son algunas de las iniciativas que pavimentan el camino para la medicina personalizada.

En el 2000 el mundo se enteró de uno de los avances científicos determinantes del naciente siglo: el primer borrador de la secuenciación del genoma humano veía la luz en medio de grandes expectativas sobre el descubrimiento del origen genético de las enfermedades y el desarrollo de diagnósticos y terapias revolucionarias. Este hito significó el inicio de la “medicina personalizada”, una nueva visión centrada en determinar las características individuales de los pacientes y sus dolencias, para prescribir tratamientos adecuados a la realidad de cada persona.

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Células madre: tu propia medicina para generar

El reemplazo de los genes que causan una determinada enfermedad es una técnica en desarrollo, que se torna especialmente compleja cuando dicho reemplazo ocurre dentro del cuerpo del paciente (in vivo), con la administración de un virus que transporta el gen. Un área que presenta avances más inmediatos es la de las células madre. Si bien en Chile el desarrollo ha sido lento, existen estudios clínicos prometedores e, incluso, aplicaciones a pacientes con buenos resultados.

Así ocurre en el Centro de Terapia Regenerativa de la Clínica Las Condes, donde tratan lesiones de cartílago articular (rodilla) como la artrosis. Para el Dr. Rodrigo Mardones, traumatólogo y director del centro, “muchas personas llegan buscando una alternativa, porque con otros tratamientos no han obtenido mejoría. Pero cuando se les suministra células madre, la tasa de recuperación está por sobre el 90%”.

El potencial de las células madre radica en que pueden convertirse en diferentes tipos de células y en su capacidad para auto reproducirse, las que ayudan a la reparación de tejidos. Estas células pueden ser clasificadas en embrionarias y adultas. Las primeras son extraídas in vitro de un embrión de cuatro a cinco días, por lo que su manipulación despierta una serie de consideraciones bioéticas. Las adultas, por otra parte, están presentes en fetos, recién nacidos, niños y adultos, y son las más utilizadas en estudios clínicos. Estas se dividen a su vez en “mesenquimáticas”, que dan forma al tejido cartilaginoso, óseo, y adiposo, entre otros; y “hematopoyéticas”, a cargo de generar las células de la sangre y el sistema inmune.

Para tratar las lesiones de cartílago, Mardones saca entre diez y mil células madre mesenquimáticas de la médula ósea del paciente, las cultiva durante tres semanas para que se multipliquen, y luego las aplica directamente en el tejido afectado. “Podemos llegar a obtener 60 millones de células de una muestra pequeña, lo que mejora la velocidad y calidad de la reparación”, explicó el traumatólogo.

En el Centro de Terapia Regenerativa de la Clínica Las Condes, médicos, ingenieros e informáticos investigan cómo las células madre batallan contra otras enfermedades como la fístula colorectal (filtración de líquido de contenido intestinal) y el trauma raquimedular (daño en la médula espinal). “Estos estudios se encuentran todavía en etapa experimental, pero hay otros casos, como en algunas condiciones degenerativas neurológicas, donde ya estamos haciendo lo que se llama ‘terapia compasiva’. Es decir, le ofrecemos al paciente un procedimiento nuevo, que no le hará daño, pero que no ha pasado por un estudio clínico, porque su enfermedad no tiene un tratamiento conocido”, comentó Mardones.

Bajo esta misma modalidad se adscriben las investigaciones en células madre de Paulette Conget, directora del Centro de Medicina Regenerativa de la Facultad de Medicina Clínica Alemana - Universidad del Desarrollo. La bioquímica ha trabajado con pacientes que sufren piel de cristal (epidermolisis bulosa), huesos de cristal (osteogénesis imperfecta), e incontinencia de orina por estrés traumático, todas condiciones para las que no existe una cura comprobada, y que deterioran la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

La piel de cristal es una enfermedad hereditaria, cuyo rasgo característico es la formación de ampollas y heridas muy dolorosas en la piel. “Hicimos un estudio en niños de la Fundación Debra, a quienes les administramos células madre mesenquimales alrededor de una lesión, logrando la regeneración de la piel. Fue muy emocionante”, señaló Conget. “Lamentablemente no funcionó tan bien cuando la aplicación fue vía intravenosa. Pero seguimos investigando para ver cómo perfeccionamos el procedimiento”.

Otra investigación de Conget busca ofrecer una alternativa médica para “huesos de cristal”, cuyo mayor peligro es la fractura de costillas en los recién nacidos cuando comienzan a respirar: puede ocasionarles la muerte. “Dado el riesgo perinatal, hicimos el estudio in útero. Obtuvimos células madre mesenquimales de los padres, y a la semana 30 de gestación se las traspasamos al feto vía cordón umbilical”, explica Conget. “Ninguno de los niños se fracturó, ni tuvo efectos secundarios. Sus posibilidades de sobrevivir aumentaron dramáticamente gracias a las células madre”, indica.

Junto al Hospital Clínico de la Mutual de Seguridad, la Facultad de Medicina Clínica Alemana -Universidad del Desarrollo, buscó también la forma de ayudar a dos trabajadores (hombres) que presentaron incontinencia de orina por estrés traumático, luego de accidentes laborales: “los pacientes usaban sondas o pañales porque el esfínter y el uréter se rigidizaron. Esta fibrosis fue atacada con células madre, revirtiéndose la situación con excelentes resultados”.

Uno de los próximos desafíos de Conget es replicar el tratamiento para la incontinencia urinaria en mujeres, una desagradable consecuencia del prolapso genital que suele presentarse luego de los embarazos y que hoy se corrige con cirugía: “Sería una solución mínimamente invasiva para muchas mujeres que ven afectada su calidad de vida después de haber sido madres.

Genes con sello nacional. Mapeando nuestros genes para identificar las enfermedades

A pesar de las diferencias en el color de la piel, la forma de los ojos y otras características morfológicas, el 99,9% del material genético es idéntico en todos los seres humanos. Por tanto, las diferencias entre las personas se deben sólo a unas pocas combinaciones de las bases del ADN, las que también pueden indicarnos lo susceptibles que son determinados pueblos a tener ciertos problemas de salud.

En esa línea se plantea ChileGenómico, proyecto que busca conocer el perfil genético de los chilenos. Desde 2012 se han recolectado muestras de unas tres mil personas a lo largo del país, con el fin de estudiar aquellas partes del ADN que revelan la ancestría de un individuo.

“Tenemos información del genoma de nuestros habitantes originarios, pero sabemos muy poco de cómo son los chilenos mestizos que viven en centros urbanos y que representan la mayor parte de la población nacional”, explica la Dra. Lucía Cifuentes, genetista del Programa de Genética Humana del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile y directora de ChileGenómico.

“Apostamos a que nuestra característica es la diversidad, y que podremos determinar los porcentajes de genes europeos, amerindios y africanos que tiene el chileno promedio. Identificando esos segmentos, es posible encontrar el rango en que nos movemos genéticamente”, apuesta Cifuentes.

Esta información será relevante para el desarrollo de políticas públicas de salud a partir de los valores porcentuales de cada componente de nuestro mestizaje. “Las investigaciones nos dicen que los africanos son mucho más propensos a la hipertensión, los europeos al cáncer de próstata, y los amerindios a las patologías biliares, como cálculos y cáncer de vesícula”, señaló la genetista al tiempo que aclara que esta información puede ayudar a prever qué tipo de enfermedades tendrá cada población.

Esta información también será útil para crear mejores y más especializados medicamentos, ya que, según la doctora, “los modelos de estudios para fármacos se hacen actualmente en poblaciones europeas o norteamericanas que vivieron un proceso de mestizaje muy diferente al nuestro, por lo que el éxito de esos tratamientos variará inevitablemente en otros grupos con un mapa genético distinto”.

Los resultados de ChileGenómico estarán listos el segundo semestre de 2015. Sin embargo, Cifuentes adelanta: “Nuestros estudios preliminares muestran que el componente africano no supera el 3% en el genoma del chileno medio, a pesar de que esa población fue bastante numerosa en algún momento de nuestra historia”. Además, la genetista entrega pistas de nuestra similitud con los países vecinos porque todo indicaría que nos parecemos genéticamente más a los argentinos, pues tenemos una mayor presencia de genes europeos y hemos perdido la herencia amerindia.

Guardar para encontrar. Pedazos de tumores que ayudan a entenderlos

Así como el genoma presenta pequeñas variaciones, nuestras enfermedades también se diferencian a nivel molecular. Por ejemplo, existen más de 200 tipos de cáncer, y una cantidad mayor de subtipos. Pero cada tumor es único. Bien lo sabe Iván Gallegos, médico patólogo y director del Biobanco de Tejidos de la Universidad de Chile: “Uno de nuestros objetivos principales es recolectar información genética propia de los chilenos, sobre todo de sus tumores, que no son necesariamente iguales a los de otras poblaciones”, explicó.

El Biobanco de Tejidos de la Universidad de Chile data de 1997, pero en 2012 renació con nuevos bríos gracias al esfuerzo conjunto de la Facultad de Medicina, el Hospital Clínico, y el Centro de Investigación y Tratamiento del Cáncer (CITC) de la casa de estudios, además de una generosa ayuda de Finlandia.

“Lo que hacemos es almacenar de manera segura muestras biológicas de pacientes, las que se convierten en los insumos para estudios biológico-moleculares para avanzar en la comprensión y tratamiento de enfermedades y otras condiciones que afectan a las personas", dice Gallegos.

Desde la recolección de la muestra hasta su llegada al Biobanco no pueden pasar más de 30 minutos para garantizar condiciones óptimas de investigación Durante ese tiempo se actualiza la información clínica del paciente, quien ha accedido previamente a donar sus tejidos. “Se mantiene el anonimato del donante en cada etapa del proceso”, agrega el médico.

Los tejidos se conservan entre -80º y los -150º C, dependiendo del tipo de muestra. Con estas temperaturas señala Gallegos, “garantizamos que los tejidos se mantengan frescos y aptos para la manipulación de los investigadores, algo que no se puede hacer con tejidos conservados en formalina, por ejemplo”.

Aunque puede llevar a confusión, el Biobanco no funciona como un laboratorio de investigación. Su misión es ser una “bodega celular” desde donde los científicos toman los insumos, por lo que también es necesario guardar tejidos sanos del mismo paciente, ya que, según detalla Gallegos, “como investigador no basta con decodificar el genoma de un tumor. Necesitas también una muestra de tejido sano para comparar ese perfil con la secuencia genética de las células que no están afectadas por la enfermedad”.

Por ahora, el enfoque del Biobanco está en la recolección de tumores colorrectales y muestras de médula ósea de pacientes con cáncer de vesícula y próstata, aunque se espera que pronto puedan sumar otros tipos de cáncer e incluso muestras de sangre para analizar trastornos psiquiátricos, e incluso un tipo de sordera. “En Chile nos regimos por lo que se estudia en Europa, Estados Unidos y los países desarrollados pero, genéticamente, esas poblaciones son diferentes a la nuestra. Esto hace necesario tener datos propios de expresión genética y de respuesta a diversos tratamientos”, señala el director. Por ello valora iniciativas como ChileGenómico: “Es bueno tener estándares genéticos para conocer las mutaciones más frecuentes y hacer una comparativa con la población sana de nuestro país”.

El futuro ... ¿hoy?

El avance de la medicina personalizada está ayudando a comprender las enfermedades y realizar diagnósticos diferenciales más precisos, aunque no podemos olvidar el factor ambiental. “La biología es importante, pero la realidad psicosocial también lo es”, advierte Paulette Conget. “Un niño con síndrome de Down está determinado por esa copia extra del cromosoma 21, al menos mientras no exista una terapia génica. Pero su vida puede mejorar mucho con la estimulación temprana y constante de su entorno”.

El Dr. Rodrigo Mardones piensa que la cooperación entre distintas áreas y técnicas será clave en esta nueva era médica: “Si tengo un genoma predestinado a la diabetes insulinodependiente, podría adelantarme al tratamiento en las etapas iniciales, y frenar la enfermedad con células madre. Los veo como procesos complementarios”.

“La medicina del futuro es personalizada en el sentido que la información genética, tanto individual como de una población específica, decidirá las maniobras de prevención sanitaria y los tipos de fármacos a utilizar”, explica la Dra. Lucía Cifuentes en ChileGenómico, “por eso confío en que el genoma de los chilenos nos revelará cuáles son nuestras enfermedades prevalentes, para determinar políticas públicas eficientes y optimizar los recursos del país”.

Y desde el Biobanco de Tejidos de la Universidad de Chile, Iván Gallegos apuesta a que la personalización marcará la pauta de la ciencia médica del siglo XXI. “Esta visión surgió para apoyar la lucha contra el cáncer, y ya se puede ver que la tendencia se amplía a otras enfermedades como la diabetes y la hipertensión”. Sin embargo, considera que va por un carril distinto al de la salud pública: “Estos avances han permitido crear fármacos para atacar receptores específicos de las células tumorales. El problema es que el costo mensual alcanza los cuatro millones de pesos, y veo difícil que el Estado sea capaz de absorber ese monto, sobre todo cuando hay necesidades más urgentes para las personas, como recibir una atención oportuna sin hacer largas filas en los consultorios”.

La distancia no es clara, pero la medicina personalizada se ve en el horizonte. Parece haber consenso en que los tratamientos estandarizados no son la solución, y que la efectividad de los diagnósticos y terapias va de la mano con el conocimiento de la realidad particular de cada persona. La duda es si los beneficios de la nueva medicina llegarán algún día a todo quien lo necesite y no solo a quienes puedan costearla, y si seremos capaces de promover políticas públicas con las que el esfuerzo de este grupo de investigadores llegue a la población.

Células madre y la mala información

En Chile no existe una normativa sanitaria que regule los tratamientos con células madre, dejando un terreno fértil para que centros de estética y peluquerías ofrezcan la fuente de la juventud a sus clientes.

Paulette Conget, directora del Centro de Medicina Regenerativa de la Facultad de Medicina Clínica Alemana – Universidad del Desarrollo explica que, lamentablemente, estos casos opacan el trabajo científico realizado por los investigadores nacionales. “Nos preocupa el desprestigio y el manto de dudas sobre la terapia con células madre que han causado estos tratamientos no validados”, dice. “En nuestro caso, solo ofrecemos células madre a pacientes en el contexto de un estudio clínico”.

Rodrigo Mardones, director del Centro de Terapia Regenerativa de la Clínica Las Condes señala que “los tratamientos que validados por la Sociedad Internacional de Terapia Celular son aquellos realizados en cartílago, hueso, córnea y piel, siendo los procedimientos más comunes en nuestro centro los de cartílago y hueso”.

Por ello, el facultativo llama a informarse al respecto. “Hay mala información dando vueltas. Decir que se pueden tomar células madre de tu grasa corporal, batirlas e inyectártelas para curarte de todas las enfermedades, es poco riguroso científicamente”, advirtió.

Reportaje de Nicole Tondreau en EXPLORA.cl

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