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Publicado: 2014-10-28

No las conocemos y están de salida: especies recién descubiertas en peligro crítico

Durante los √ļltimos doce meses se han descubierto al menos tres especies de organismos superiores en nuestro pa√≠s. ¬ŅC√≥mo se descubre una nueva especie? Conozcamos a qui√©nes se preocupan de buscar e identificar nuestra flora y fauna, y tambi√©n mostrar qu√© tan fr√°gil es el territorio de estos hallazgos. Reportaje de Jos√© Barraza en Explora.cl

Descubrir una especie siempre será sinónimo de alegría, sobre todo para la biodiversidad nacional y los científicos que realizan los hallazgos. Lamentablemente, estos nuevos miembros de nuestro paisaje natural no siempre cuentan con las condiciones necesarias para su conservación y se ven amenazados por distintos fenómenos, en su mayoría ocasionados por el ser humano.

Los especialistas señalan que los daños se producen debido a proyectos productivos, necesarios para el hombre, pero muchas veces con planes de mitigación cortoplacistas que no siempre apuntan a la correcta conservación de nuestra biodiversidad.

Tal es el caso de la laucha de las dunas (Eligmodontia dunaris) y la nueva orquídea chilena Bipinnula gabriel. Ambas especies fueron descubiertas en los últimos diez años y publicadas hace muy poco, pero la fragilidad de sus hábitats debido a proyectos inmobiliarios, carreteros y mineros, entre otros, es un grave peligro para su subsistencia.

El doctor Ángel Spotorno, académico del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, fue uno de los descubridores del diminuto roedor de las dunas. Ante las amenazas que se ciernen sobre su hallazgo se muestra sumamente preocupado. “El humano es el factor principal de amenaza. Somos invasivos y, además, predadores tontos, porque agotamos nuestros propios recursos”, dice el experto, que trabaja en el Laboratorio de Genética Evolutiva del Programa de Genética Humana en esta universidad.

Pablo Bravo, investigador de la Universidad de Concepción y descubridor de la orquídea Bipinnula gabriel, agrega que “Chile tiene bastantes falencias desde el punto de vista de la conservación. No es una prioridad y no se le da la suficiente importancia a los ecosistemas”.

Descubriendo una especie

Descubrir una especie no es sencillo y el esfuerzo de los especialistas implica muchas horas de trabajo en terreno y de laboratorio, además de validar sus resultados en destacadas revistas científicas, donde son sometidos a rigurosas revisiones antes de ser publicados.

El caso de la laucha de las dunas es una muestra esta tarea, con altos y bajos, y mucho de dulce y agraz. Fue en 2005 que se avistó por primera vez a este roedor y recién en 2013 se reconoció como especie. ¿Por qué pasó tanto tiempo? Spotorno recuerda: “todo comenzó cuando Carlos Zuleta, académico de la Universidad de La Serena, llegó a mi laboratorio con una cajita en la que había tres pequeños roedores, y me dijo: -¿Profesor, qué es esto?- ¡Una pregunta elemental! Me contó que lo encontró en Punta Choros, en un lugar inhóspito del borde suroeste del desierto de Atacama, donde la cobertura vegetal es muy baja”.

El Dr. Spotorno formuló dos probables hipótesis: que los tres individuos fuesen una posible subespecie de Eligmodontia puerulus - roedor que vive en Antofagasta- o que se tratara de una nueva especie.

“Estudiamos los cromosomas de los 3 ejemplares y vimos que se diferenciaban de E. puerulus, por lo que descartamos la primera hipótesis”, cuenta el especialista. Los resultados fueron enviados a la Revista Chilena de Historia Natural, pero rechazó el artículo porque los científicos revisores consideraron que tres individuos era un número muy bajo para concluir que existía una nueva especie, y esta diferenciación genética podría corresponder a una anomalía particular en estos especímenes.

“¡Así que volvimos a viajar a Punta Choros y otro miembro del equipo fue a Copiapó!”, cuenta entusiasmado Spotorno, y en estos nuevos viajes capturaron 27 individuos y, además, lograron reproducirlos en cautiverio. A doce de ellos les hicieron análisis genético-molecular, obteniendo una clara diferenciación con respecto a otras especies de Eligmodontia. “Ya nadie podría decirnos que estos doce animales eran anómalos”, sonríe. A seis años de su descubrimiento las nuevas pruebas fueron enviadas a la revista Zootaxa, donde se publicaron dos años después. Fue así como recién en el 2013 se reconoció a la laucha de las dunas como una nueva especie y como el mamífero más pequeño de Chile, con sólo siete centímetros de largo y once gramos de peso.

Después de todo este esfuerzo el Dr. Spotorno dice que “sentimos espanto cuando en 2011 nos enteramos que querían instalar una termoeléctrica en Punta Choros. De hecho, en la misma playa donde colectamos a los roedores, trabajan retroexcavadoras con electroimanes que pasan por la tierra y van reteniendo el hierro. Imagina lo que significa una máquina de esas en el lugar. Con el tiempo removerá las plantas, el terreno, todo. Es algo serio”.

La experiencia de Pablo Bravo, Ingeniero Forestal y estudiante de Magíster en Ciencias Forestales, fue bastante parecida. En 2010, junto a Gabriela Baeza, estudiante de Magíster en Ciencias mención Botánica, participaban de un proyecto de investigación cuando, en una salida a terreno a Putú, cerca de Constitución, observaron una orquídea distinta. “Me llamó mucho la atención. Le tomé fotografías, anoté datos del ambiente, observé el lugar, el tipo de vegetación y las otras orquídeas acompañantes. Colecté un ejemplar como parte del trabajo botánico, luego buscamos referencias en la literatura y comparamos su morfología con otras especies existentes”, explica en su laboratorio de la Universidad de Concepción.

Tras consultar con otros especialistas, se propuso que ésta era una nueva especie del género Bipinnula (Orchidaceae) y trabajaron en su descripción. Cuatro años transcurrieron desde su descubrimiento hasta su reconocimiento con el nombre de Bipinnula gabriel, en honor a su hijo y a su esposa, Gabriela Baeza, quien también participó del descubrimiento.

Existen unas 30.000 especies de orquídeas, pero en Chile los estudios botánicos de orquídeas son escasos, por lo que no se ha podido determinar el número total de especies. Se estima que hay unas 53 en nuestro país, de las cuales 27 son endémicas y, según el Reglamento de Clasificación de Especies, 13 de ellas están en alguna categoría de conservación: cuatro están en Peligro Crítico, seis están en Peligro y dos se encuentran Vulnerables.

El impacto humano

Para Bravo, el mismo desconocimiento de Bipinnula gabriel es un factor importante para una correcta clasificación de esta nueva orquídea. En el artículo publicado en la revista Gayana Botánica, se propone catalogar a la especie como Datos Insuficientes, “aunque si los estudios actuales indican que es endémica y que sólo se da en la zona costera de la Región del Maule, su clasificación debería ser Amenazada, porque tendría una cantidad de individuos muy baja. Además, dicho hábitat está muy deteriorado, hay plantaciones forestales, construcción de caminos y es un sector muy transitado”.

Quien también sabe sobre impacto humano en territorios de especies recién descubiertas es Herman Núñez, Jefe del Área de Zoología de Vertebrados del Museo Nacional de Historia Natural. Sólo en los últimos diez años ha identificado 17 nuevas especies de lagartijas y ha visto cómo sus hábitats han pasado de ser áreas llenas de vegetación a lugares sumamente intervenidos por el humano.

“He sentido harta pena al visitar algunos de esos sitios. Por ejemplo, mi tesis la hice cerca de las Termas del Flaco, en un lugar salvaje y que, incluso, tenía sus riesgos, pues había pumas cerca. Pero ahora fuimos con unos alumnos y estaba todo despejado, con una cancha de paintball y una central de paso”, cuenta el especialista.

Asimismo, comenta que tanto en Atacama como en la cuesta Barros Arana –cerca de la cordillera de Domeyko- donde descubrió nuevas lagartijas, ahora se alzan una pista de aterrizaje y un gasoducto, respectivamente.

Núñez comprende que los humanos necesitan de ciertos proyectos para poder subsistir, pero el problema es que las medidas de mitigación que se toman no son las más adecuadas. Como ejemplo, menciona la relocalización de especies desde un lugar a intervenir a otro que se mantendrá estable. “Eso en verdad sirve para subsanar un poco el dolor humano, haciéndonos creer que a los bichitos que nos llevemos no les pasará nada. Se hace para calmar la conciencia, no por preocuparse del medio ambiente”.

Ello porque al concentrar una mayor cantidad de animales en un sector hace que éste se vea sobrepasado no logrando entregar alimento ni proteger a todas las especias. “Donde antes había una distribución normal, ahora no la hay. Se produce un desequilibrio y alguien tiene que morir”, señala el investigador.

El picaflor de Arica

No sólo las especies nuevas se ven amenazadas. Hay casos emblemáticos como el del picaflor de Arica (Eulidia yarrellii) que demuestra que se puede ser sumamente conocido y aun así estar en peligro.

Esta especie endémica del norte de Chile apenas alcanza los ocho centímetros de largo, siendo considerada el ave más pequeña de nuestro país. Su fama es tal que el 28 de septiembre de 2004 la declararon símbolo de Arica y el 30 de junio de 2006 fue nombrada Monumento Natural por decreto del Ministerio de Agricultura. Además, está protegida por la Ley de Caza y por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por su sigla en inglés).

Pese a todo, los individuos disminuyen en número y no se ha podido establecer medidas suficientes que permitan su recuperación. Cristián Estades, académico de la Universidad de Chile, quien realiza labores para conservar al picaflor ariqueño desde 2003, no ha visto resultados positivos. “Los datos estiman que la reducción en estos once años es de 80 por ciento, bajando de 1800 a 300 individuos, aproximadamente. Esto es suficiente para declarar a la especie en peligro crítico”, dijo el especialista, añadiendo que “lamentablemente, los recursos disponibles para ejecutar las medidas correctivas no existen. Se necesita mucho dinero”.

Una de las formas para evitar que la especie siga disminuyendo es a través del aseguramiento de los sitios de reproducción durante la primavera, lo que implicaría comprar terrenos o generar nuevos a través de la restauración de hábitats.

“Es mucha inversión y el Estado de Chile no está acostumbrado a invertir en especies amenazadas. La visión de la sociedad chilena está basada en el prevenir más que en el curar. Es por ello que la mayoría de nuestra legislación, instituciones y fondos apuntan a evitar que las especies sean dañadas; pero cuando hay daños, no hay instituciones para repararlos.”, explicó Estades.

La precaria situación de la pequeña ave nortina se debe en su mayoría a la acción humana, como la agricultura a pequeña escala, el uso de pesticidas, la llegada de empresas, quemas y la canalización del río San José, entre otras. “Cada vez que comemos tomates estamos contribuyendo a la agricultura de Azapa e indirectamente a que se destruya el hábitat del picaflor. Es un fenómeno complejo y no es fácil de resolver”, comentó.

Pasos a seguir para cuidar nuestras especies

Las amenazas están presentes y es necesario emprender acciones que permitan revertir, mitigar o minimizar el impacto humano en los ecosistemas. Los consejos de especialistas son varios, pero todos apuntan en una dirección similar: mejorar las políticas orientadas a la conservación y recuperación de especies, y crear sistemas de mitigación robustos.

Para Cristián Estades, “debería plantearse como obligación evitar la extinción de las especies y recuperar las amenazadas. Junto a ello se debe establecer un sistema que permita realizar intervenciones, analizar los factores que afectan a las especies, dar dinero, invertir, etcétera, pues ahora no hay ninguna institución que cumpla ese rol. Se debe partir de cero”.

Herman Núñez señala que “Chile es un país cortoplacista. Las medidas se toman sólo cuando se construyen los proyectos y nadie se preocupa de lo que pasa después”. Da como ejemplo la creación de caminos, señalando que “Hay estudios que muestran que éstos producen un incremento brutal en la mortalidad de los animales. Las cintas de asfalto y concreto se calientan más que el ambiente que las rodea, por lo que las serpientes se detienen ahí debido al calor y son atropelladas. Y no sólo eso, por las serpientes llegan los zorros y los tiuques, y ya no es un individuo el atropellado, sino que muchos más”.

Pablo Bravo piensa que “Chile tiene falencias en la conservación. Hay una falta de preocupación en los ecosistemas, lo que también afecta a los humanos. Pero tiendo a creer que las cosas van a cambiar. Creo que en el futuro llegarán científicos que trabajarán e incorporarán nuevas herramientas para la toma de decisiones en materia de conservación. Pero en la política podría estar el problema, pues, finalmente, todas las decisiones son políticas”.

Para Ángel Spotorno, es importante disponer de recursos para eliminar las toxicidades, huella de carbono, además de mejorar las políticas de mitigación de las actividades humanas. “Debemos ser un país sustentable”, finalizó.

Los científicos concuerdan en la necesidad que tienen los humanos de construir y desarrollar proyectos, ya sean energéticos o viales, para el mejoramiento de su calidad de vida, pero enfatizan que éstos no deben pasar a llevar otras formas de vida. De quedarnos con los brazos cruzados, quizás ya no quedarán nuevas especies por descubrir.

Reportaje de José Barraza en Explora.cl

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