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Publicado: 2014-08-01

Acad茅mico USM plantea que el uso de shale gas no es un beneficio para el pa铆s

Profesor del Departamento de Industrias de la Universidad Santa Mar铆a, Patricio Rubio, analiza la posible llegada del shale gas a Chile, importado desde Estados Unidos y las consecuencias que tendr铆a en t茅rminos ambientales y econ贸micos. En Comunicaciones USM.

Para el primer semestre de 2016, la Empresa Nacional de Petróleo, ENAP, tiene contemplada la llegada del shale gas, importado de EE.UU., con el objetivo de diversificar el origen y la procedencia del GNL que se importa, disminuyendo también los costos, pues gracias al TLC suscrito con Estados Unidos, dicho gas llegaría al país sin arancel. Sin embargo, existen aprensiones respecto de su uso en Chile.

El profesor del Departamento de Industrias de la Universidad Técnica Federico Santa María, Patricio Rubio, cree que en términos ambientales el uso de shale gas sería un retroceso y evidencia una falta de planificación a largo plazo por parte del Estado. Según explica el experto, “el shale gas proviene de la descomposición de antiguos organismos marinos, que están asociados en depósitos de rocas tipo esquisto y/o pizarras en el interior de la corteza terrestre. Como estas rocas tienen una baja permeabilidad, no escapa a la superficie, por lo cual, para extraerlo se hacen perforaciones hasta estos depósitos y se inyecta agua a alta presión con algunos otros elementos, lo que fractura hidráulicamente estas rocas y permite la liberación de este gas que se canaliza hacia la superficie”.

Para el académico, desde la perspectiva de la gestión ambiental nacional –orientada hacia la reducción de contaminantes y mejora de la calidad de vida de los chilenos– su uso es ventajoso si estas combustiones con shale gas reemplazan a las combustiones que hoy se realizan con carbón, diésel y otros combustibles que son más contaminantes. Sin embargo, aclara que “también es una desventaja, porque este gas tiene un índice de impacto ambiental bastante superior a la generación energética solar continua en plantas de potencia solar (CPS) combinada con eólica marina offshore o de minicentrales hidráulicas de pasada, fuentes de energía renovables que en Chile tenemos con una gran potencialidad”.

Patricio Rubio puntualiza que “este gas en muchos países europeos está prohibido por el principio de la “prevención” de contaminación de acuíferos y problemas de geomecánica o inestabilidad de los suelos en la región de producción. Por otra parte, esta forma de energía a nivel mundial mantiene y sube el nivel de contaminación planetario, porque quita lugar a la implantación de las energías renovables y seguimos aumentando los gases de efecto invernadero con gran costo social, económico y ambiental. Las industrias chilenas que utilicen energía asociada a este gas, seguirán generando productos de cuota de trazabilidad energética negativa, es decir, disminuirán sus valores en los mercados que exigen eficiencia energética y calidad ambiental”.

De esta manera, “las implicancias de su uso en Chile, serían que se reactiven o cambien combustible todas las fuentes de energía que hace años fueron adaptadas a diésel o entraron en fase de parada después del “problema de suministro de gas argentino”. Otra consecuencia, es que se potencie el cambio a este gas de fuentes móviles (transporte) o que se aplique más este gas en el consumo doméstico y que aparezcan nuevas centrales de generación de electricidad a gas”, apunta.

Rol del Estado

El académico del Departamento de Industrias, puntualiza que “tal vez, por las importantes inversiones industriales que hay que hacer para recibir, distribuir y combustionar este gas en Chile, queda en evidencia que no hay un claro compromiso o política pública energética a largo plazo. El tema energético se mira y decide en función de la oferta de mercado del momento, como se hizo en su minuto con el petróleo o el gas argentino. Se aleja el horizonte de que en la década del 2020 deberíamos tener, al menos, un 20% de energía renovable en la matriz energética nacional. Se va en contra de los cinco pilares de la política energética nacional: disminuir la contaminación, utilizar predominantemente recursos chilenos, no depender de precios internacionales, mejorar la calidad de salud de los chilenos, y aportar a la disminución de los GEI (gases efecto invernadero)”.

Por lo tanto, plantea que “en ningún caso habrá beneficio para el país, porque quedamos totalmente expuestos a fluctuaciones internacionales de precio; o que por razones de “seguridad nacional” si la producción baja, el suministro se nos interrumpa para mantener el suministro nacional. También, la regularidad de producción de estos yacimientos es un “mito”, porque en algún momento la producción llega a su “peak máximo” y luego declina. Tampoco se incentiva el desarrollo de nuevas formas de expansión e industrialización de nuestros combustibles nacionales renovables, y nuestra matriz energética nacional continúa con el alto desequilibrio en favor de los combustibles provenientes del exterior, sin cumplir las promesas de los diferentes gobiernos en cuanto a tener una política en pro del “aseguramiento nacional del suministro de combustibles la matriz energética”.

El experto agrega que “Chile a nivel mundial, tiene probadas reservas de shale gas por su configuración geológica, como las dimensionadas en la “Cuenca Austral” que compartimos con Argentina. A nivel de reservas de shale gas estamos más o menos en el lugar quince a nivel mundial, pero con unas inversiones en exploración muy bajas y en especial por parte del Estado. También, en este punto la presencia de shale gas bajo la superficie no necesariamente –“por el dominio tecnológico actual de la hidrofracturación a alta presión”– hace que el bloque geológico que lo contiene sea susceptible de explotar, porque se necesita además que la configuración del entorno geológico sea pro hidrofracturación y un buen capital de inversión”.

Patricio Rubio plantea que “falta capacidad de asumir el riesgo de entrar a producir este gas en el país y en lo posible a partir de una empresa estatal como ENAP, pero parece que llegamos tarde al proceso de entrar en la primera fase de producción de gas shale y fijar cuota de mercado. Hay otras alternativas en gas geológico, como el “tight gas”, que está a profundidades menores y de menor costo de extracción, todo esto siempre y cuando apostemos por estas alternativas de energía poco aconsejables para la contaminada sociedad del siglo XXI”.

Original en Comunicaciones USM.

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