Organizaciones y centros científicos de excelencia que apoyan el trabajo de Infocyt



Publicado: 2015-11-12

Natalia Mu√Īoz: La mujer que se rebel√≥ contra Conicyt

La líder de la protesta de científicos realizada el pasado 12 de noviembre frente al Palacio de Gobierno de Chile es retratada por el periodista de Plataformacientífica, José Navarrete, el pasado 12 de noviembre.

Quiso ser actriz, pero sus padres no la dejaron. Optó por la ciencia, pues gozaría de un mejor pasar económico. Pero, paradójicamente, un incidente le demostró lo contrario. Eso la motivó a crear Ciencia Con Contrato (CCC). Si el esfuerzo que ha emprendido en esta causa es infructuoso, se retirará de la ciencia, esta vez, para siempre.

Más de un centenar de manifestantes con bata blanca —algo poco usual— se ha tomado las calles de Santiago. Entre la multitud se encuentra ella, la líder de la rebelión científica. Sube al escenario y, sin titubear, agarra el megáfono para denunciar ante el público la inseguridad laboral en que se encuentran los asistentes de investigación en Chile. Quienes la conocen, claman: ¡Así se habla, Nata!

Natalia Muñoz Barreda, o Nata —como le dicen sus cercanos—, tiene 30 años, pero se ve mucho menor. Lleva el pelo corto, negro, hasta la altura del cuello, que contrasta con su piel blanca. Usa lentes de marcos oscuros y su estilo es más bien alternativo; hípster diría alguien que no la conociera.

La directora de Ciencia con Contrato (CCC)

Un día, Natalia, iba pedaleando de regreso del trabajo a su departamento, por una ciclovía de Recoleta, que va por la ribera del río Mapocho, en la ruta paralela al Parque Forestal. De repente, se interceptó con un indigente que intentaba cruzar un paso no habilitado. Intentó esquivarlo. Mientras lo hacía, escuchó un grito; también sintió un golpe. El hombre —sin motivo aparente— la había golpeado con un ladrillo en el costado de su cabeza, en la zona que está entre la nuca y la oreja. El objeto contundente rebotó sobre su clavícula. El impacto le provocó mareos y un fuerte dolor, tanto en la cabeza como en la mandíbula, razón por la que le costaba hablar. Miró sus manos y estaban llenas de sangre. Su ropa, su bicicleta… Todo teñido de rojo. Y agradeció, una y otra vez, haber llevado su casco puesto.

Aún conmocionada, se las arregló como pudo para levantarse, subirse a la bicicleta y, dentro de su estado, pedalear hasta el Hospital del Trabajador, en donde le efectuaron los exámenes de rutina. Tiempo después llegaría el cobro por los servicios clínicos prestados: la suma ascendía a 200 mil pesos. La rabia la invadió. Si hubiera estado contratada la situación hubiera sido diferente, ya que, a todas luces, se trataba de un accidente de trayecto.

—Me parecía injusto que en la Universidad de Chile no tuviera los mismos derechos que el resto de los funcionarios —afirma—. Trabajo en la Chile, pero no soy parte de ella. Y, probablemente, en RR.HH. ni siquiera sepan que existo.

De la frustración que provoca vivir en la precariedad laboral surgió Ciencia Con Contrato (CCC), un movimiento que Natalia, junto a otros indignados, fundó, en primera instancia, contactando a 200 personas de una base de datos que guardaba de su etapa en la universidad. Desde entonces, ha tenido que golpear puertas, enviar correos electrónicos y llamar para solicitar reuniones; hasta le ha tocado exponer en la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara Baja, donde las autoridades se asombran cuando les advierte sobre cómo opera la ciencia en Chile.

CCC estima que, a nivel nacional, existirían entre 4 y 10 mil trabajadores sin contrato, cuyas remuneraciones dependen de los fondos concursables que entrega el Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), entidad a la que apuntan las críticas, pues —explica Natalia— estipula que los técnicos o asistentes de apoyo deben ser remunerados a honorarios y “según las necesidades del proyecto”.

Y agrega:

—El daño es tremendo. Lo primero es la desprotección total de los trabajadores. La gran mayoría —cerca del 90%— no posee seguros contra accidentes laborales, lo cual es gravísimo. Por otro lado, trabajas en una institución donde nunca tendrás los mismos beneficios que las personas que sí están contratadas. Olvídate de aguinaldos, días administrativos… Te discriminan en la banca para acceder a créditos o a algo tan simple como una cuenta corriente. No existe el derecho a pre y postnatal, ni a vacaciones pagadas.

Fuera de tiempo

A pesar de que hoy vive en Providencia, pasó la mayor parte de su vida en Santiago Centro, en San Francisco con Avenida Matta. Allí vivía cuando estudiaba en el emblemático Liceo 1 Javiera Carrera, donde, afirma, pasó sus mejores años. En cuarto medio ya conocía su vocación, quería ser actriz. Pero ese sueño quedó truncado por la decisión de sus padres, quienes le aseguraron que tendría un mal pasar económico. Y asintió. Optó por una carrera científica, de 6 semestres, en la Universidad de Santiago de Chile (USACH).

Tras presentar su tesis, que desarrolló en el Servicio Médico Legal (SML) sobre parámetros físico-químicos en delitos sexuales, se tituló de Técnico Universitario en Análisis Químico y Físico. Y no le costó hallar empleo.

—Primero encontré trabajo en una industria; trabajé un mes y renuncié. No me gustó. El ambiente era machista y hostil —recuerda—. Después de eso encontré mi primer trabajo como asistente de investigación, cargo del cual nunca más me pude desprender.

Desde ahí se ha desempeñado siempre en el área científica, impartiendo clases de laboratorio y como asistente de investigación o lab manager. En cuanto a estos últimos, cuenta:

—Son un pilar fundamental. Conocen completamente el funcionamiento del laboratorio; ayudan a que éste trabaje como una máquina bien aceitada. Sin nosotros, muy pocos laboratorios podrían generar resultados de manera eficiente.

Actualmente trabaja como asistente de investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en el Laboratorio de Estrés Celular y Biomedicina del Instituto de Neurociencias Biomédicas (BNI). Allí, apoya los procedimientos experimentales que le asigna su jefa, Soledad Matus, cuyas investigaciones se centran, en este momento, en la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Como tantos otros que se dedican a la ciencia, su rutina parte muy temprano. Se levanta a las 5.30 para estar en el laboratorio pasadas las 7 de la mañana. Luego, avanza e inspecciona experimentos hasta las 9.00. En ese momento hace una breve pausa —de 15 minutos— para tomarse un café. Sobre el resto de la jornada, confiesa:

—Muchas veces no almuerzo para irme más temprano. Sin embargo, ese “más temprano” nunca llega, porque finalmente me termino yendo pasadas las 17 horas, incluso a las 19.00 en los días más intensos.

Ya en la entrada de su departamento, abre la puerta, lo que alerta a sus mascotas. De inmediato la reciben sus dos perros, Luchín y Tatán, y un gato, León, quienes se acomodan sobre sus pies. Mientras los acaricia, revela:

—Hace poco se me murió una catita que tenía como 10 años.

En momentos de tranquilidad le gusta armar puzles, leer y practicar deporte. Le encanta salir a correr, el excursionismo y, sobre todo, pedalear largas distancias. Antiguamente —dice— iba a Viña en cleta una o dos veces al mes. Además, es fanática del darkwave y el britpop.

Este jueves 12 de noviembre, CCC ha convocado a la segunda movilización del año, dada la negativa de Conicyt para reformular sus bases concursables, la renuncia del ex director de la entidad Francisco Brieva y el distanciamiento entre la comunidad científica y el Ejecutivo. No obstante, “si las políticas públicas respecto a ciencia y tecnología no cambian pronto, la comunidad científica no se organiza y ‘esto’ no se toma en serio, no vale la pena hacer ciencia profesional en chile”, puntualiza, y asegura que si eso ocurre se retirará de la ciencia; aunque, ahora, para siempre.

Tell me I’m not dreaming / but are we out of time / we’re out of time / out of time —canta Natalia.

Es una canción de Blur, Fuera de tiempo, una de sus favoritas. Un instante de serenidad en medio de la lucha que ha emprendido por el destino de la ciencia en Chile.

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